jueves, 25 de abril de 2013

Posesiones inglesas

El Imperio británico comprendió los dominios, colonias, protectorados y otros territorios gobernados o administrados por el Reino Unido entre los siglos XVI y XX, concretamente hasta el año 1949.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el Imperio británico abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 33.700.000 km², lo que significaba aproximadamente una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas, lo que lo convierte en el imperio y estado más extenso de toda la historia.


1.pink: colonias en poder de 1945 2.Orange: Dominios 3.Pink en Orange: colonias de Dominios 4.Dark Red-Brown: áreas perdido en 1920 5.Light rosa: las zonas ocupadas en la Segunda Guerra Mundial * Estados principescos: 6.Purple

Inversiones que tiene realizadas actualmente Inglaterra en México

Infraestructura, energía, aerospacial, industrias creativas, automotriz, minera, seguridad, alimentos. Éstas inversiones hacen los británicos anualmente en nuestro país.

¿Qué es "Commonwealth"?

El vocablo inglés ''Commonwealth'' (de “common” y el antigua “weal” que derivó enwealth) significa literalmente “riqueza común” o en una sola palabra: “mancomunidad”. Actualmente se usa en relación con una comunidad política. Es un derivado anglo del termino latín Res publica.
El término alemán más cercano en sentido literal a commonwealth (Gemeinwesen: riqueza común) tiene un sentido más amplio, quizás cercano al término comunidad en español.  
En inglés, el término se usaba originalmente para referirse a un sistema de gobiernodedicado a aumentar el bienestar social o la riqueza común, a diferencia de todo aquel gobierno cuyo fin era el beneficio de un individuo o una clase.Es decir, es un sistema de gobierno dedicado al beneficio general, con un sentido similar al de la frase latina res publica ("la cosa pública"), para significar el aspecto de beneficio común implícito en unEstado.
Posteriormente el término llegó a entenderse con el significado de una República, especialmente bajo el sistema impuesto por Oliver Cromwell. Ese sistema es conocido como la Mancomunidad de Inglaterra en castellano o “the old commonwealth” (antigua comunidad) en Inglaterra. (ver Niveladores)
En la actualidad la palabra generalmente designa, en el mundo de habla inglesa, un sistema político basado en la asociación voluntaria a fin de perseguir el beneficio económico común.(Ver también Estado Libre Asociado.)
En la ciencia política, el término se usa para designar el aspecto o propósito económico de ciertas asociaciones políticas. Es decir, un sistema que busca incrementar riqueza material de una comunidad o sociedad, dejando el aspecto ideológico, etc., a consideraciones individuales. Esta acepción se puede rastrear hasta la percepción deAdam Smith y personajes tales como John Stuart Mill, para quien los hombres tienen derecho a actuar en libertad -mientras esos actos no perjudiquen a otros- porque sólo a través de esa libertad pueden escoger libremente lo que ellos consideren su bien o su conveniencia. Y Thomas Hill Green, para quien el bien común se encuentra en “la realización del carácter personal, deduce entonces que el bien final, como un todo, sólo puede lograrse en una sociedad de individuos que, siendo siempre un fin para sí mismos -en el sentido de que su individualidad no desaparece- logran aumentar su perfección, encontrando esa perfección obtenible sólo cuando esos individuos separados son integrados como parte de un todo social”. Lo anterior se puede resumir diciendo que la Commonwealth busca aumentar la libertad de los individuos en su sentido negativo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Renacimiento

Renacimiento es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental en los siglos XV y XVI. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. Italia fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento.
El Renacimiento fue fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre «renacimiento» se utilizó porque este movimiento retomaba ciertos elementos de la cultura clásica. El término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias, sustituyendo el teocentrismo medieval por cierto antropocentrismo.
El historiador y artista Giorgio Vasari había formulado una idea determinante, el nuevo nacimiento del arte antiguo, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista.De hecho, el Renacimiento rompió, conscientemente, con la tradición artística de la Edad Media, a la que calificó como un estilo de bárbaros, que más tarde recibirá el calificativo de gótico. Con la misma conciencia, el movimiento renacentista se opuso al arte contemporáneo del norte de Europa.
Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significó una «ruptura» con la unidad estilística que hasta ese momento había sido «supranacional».Sobre el significado del concepto de Renacimiento y sobre su cronología se ha discutido muchísimo; generalmente, con el término «humanismo» se indica el proceso innovador, inspirado en la Antigüedad clásica y en la consolidación de la importancia del hombre en la organización de las realidades histórica y natural que se aplicó en los siglos XV y XVI.
El Renacimiento no fue un fenómeno unitario desde los puntos de vista cronológico y geográfico. Su ámbito se limitó a la cultura europea y a los territorios americanos recién descubiertos, a los que las novedades renacentistas llegaron tardíamente. Su desarrollo coincidió con el inicio de la Edad Moderna, marcada por la consolidación de los Estados europeos, los viajes transoceánicos que pusieron en contacto a Europa y América, la descomposición del feudalismo, el ascenso de la burguesía y la afirmación del capitalismo. Sin embargo, muchos de estos fenómenos rebasan por su magnitud y mayor extensión en el tiempo el ámbito renacentista.




Absolutismo monárquico

Absolutismo es la denominación de un régimen político, un periodo histórico, una ideología y una forma de gobierno o de Estado (el Estado absoluto), propios del Antiguo Régimen; caracterizados por la pretensión teórica (con distintos grados de realización en la realidad) de que el poder político del gobernante no estuviera sujeto a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina.1 Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable, intranscriptible y libre. Los actos positivos del ejercicio del poder (legislación, administración y jurisdicción) se apoyaron en la última instancia de decisión: la suprema monarquía, emanando de ella, no estando por encima sino por debajo;2 lo que implica la identificación de la persona del rey absoluto con el propio Estado
El oscuro origen etimológico del término "absolutismo" incluye (además de su relación con el verbo absolver)4 la expresión latina princeps legibus solutus est ("el príncipe no está sujeto por la ley"), original de Ulpiano, que aparece en el Digesto, y que fue utilizado por los juristas al servicio de Felipe IV de Francia "el hermoso" para fortalecer el poder real en el contexto de la recepción del derecho romano durante la Baja Edad Media. Algo más tarde, el jurisconsulto Balde (Baldo degli Ubaldi, discípulo de Bártolo) utiliza la expresión poder supremo y absoluto del príncipe en contraposición al poder ordinario de los nobles.5 La utilización del término se generalizó en todas las monarquías, independientemente de su poder efectivo, como ocurría en la débil monarquía castellana de Enrique IV "el impotente", cuya cancillería emitía documentos redactados de forma tan pretenciosos como ésta: E yo de mi propio motu é ciencia cierta é poderío real absoluto...6
Según Bobbio, en términos kantianos, el poder absoluto consiste en que "el soberano del Estado tiene con respecto a sus súbditos solamente derechos y ningún deber (coactivo); el soberano no puede ser sometido a juicio por la violación de una ley que el mismo haya elaborado, ya que está desligado del respeto a la ley popular (populum legis)". Esta definición sería común a todos los iusnaturalistas, como Rousseau o Hobbes.7
A pesar de que la autoridad del rey está sujeta a la razón, y justificada en último extremo por el bien común, explícitamente se niega la existencia de ningún límite externo ni ningún tipo de cuestión a sus decisiones; de modo similar a como la patria potestad se ejerce por el pater familias (el rey como "padre" de sus "súbditos" -paternalismo-). Tales justificaciones imponen de hecho el carácter ilimitado del ejercicio del poder por el rey: cualquier abuso puede entenderse como una necesidad impuesta por razón de Estado.
El absolutismo se caracteriza por la concentración de poderes; no hay ninguna división de poderes como la que definirá la monarquía limitada propia de las revoluciones liberales. El poder legislativo, el poder judicial y el poder ejecutivo, son ejercidos por la misma autoridad: el rey como supremo magistrado en todos los ámbitos. Rex, lex (o, en francés le Roi, c'est la loi, a veces expresado como "la palabra del rey es la ley"); sus decisiones son sentencias inapelables; y al rey la hacienda y la vida se ha de dar.8
El poder tiene un carácter divino, tanto en su origen como en su ejercicio por el propio rey, que queda sacralizado. La teoría del derecho divino del poder real (monarquía de derecho divino o absolutismo teológico) nació en el último cuarto del siglo XVI, en el ambiente de las guerras de religión de Francia. Aunque en Europa la divinización del monarca nunca llegó tan lejos como en el despotismo oriental (que identificaba al rey con el mismo Dios), el rey siempre tuvo cierto poder sobre las iglesias nacionales; no sólo en las surgidas de la Reforma protestante, sino en las monarquías católicas, que supeditan en gran medida a la propia Iglesia católica a través del regalismo; aunque las relaciones ente Iglesia y Estado son altamente complejas.
Temporalmente, la época del absolutismo es la del Antiguo Régimen; aunque no puedan identificarse totalmente como monarquías absolutas las de finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, para las que la historiografía utiliza el concepto de monarquía autoritaria. El modelo más acabado de absolutismo regio fue el definido en torno a Luis XIV, rey de Francia a finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. La Ilustración del siglo XVIII convivió con un absolutismo que fue definido como despotismo ilustrado. El absolutismo sobrevivió a las revoluciones burguesas o revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, hasta que la revolución de 1848 acabó con la Santa Alianza que desde el Congreso de Viena (1814) había impuesto la continuidad de los reyes "legítimos" restaurándolos en sus tronos incluso contra la voluntad de sus propios pueblos ("Restauración" del absolutismo). El Imperio ruso mantuvo la autocracia zarista hasta la Revolución de febrero de 1917.

Exploraciones geográficas.

Exploración geográfica es la actividad de viajar con el propósito de descubrir, sean pueblos o espacios desconocidos, vías de comunicación, rutas de comercio, bases estratégicas, esclavos o recursos naturales (tierras fértiles, minerales metálicos o energéticos, de uso industrial o suntuario, etc.), por motivos económicos, militares, ideológicos o por el mero conocimiento.
La exploración geográfica ha existido desde los orígenes de la humanidad, incluso en grupos humanos prehistóricos: la salida de las distintas especies de homínidos de África y la llegada a los distintos continentes del Viejo Mundo, mientras que a Australia y a América únicamente llegó la especie humana actual. La población de las islas del Pacífico significó una continuada serie de migraciones marítimas en condiciones todavía no aclaradas por la investigación antropológica.
Las exploraciones geográficas en la Edad Antigua y en la Edad Media estuvieron dificultadas por límites tecnológicos, socioeconómicos, políticos e ideológicos. Muchas quedaron como empresas secretas u olvidadas (posible llegada de los vikingos desde Islandia y Groenlandia hasta las costas continentales de América -Vinland- o de los balleneros vascos a Terranova); aunque ciertamente hubo algunas que incluso llegaron a registrarse documentalmente (viajes de Marco Polo hacia oriente o de Zheng He hacia occidente).
La cumbre de la exploración geográfica se alcanzó durante la Era de los descubrimientos (siglos XV-XVI), cuando los navegantes de los primeros estados-nación de Europa Occidental (Portugal, España, Inglaterra, Francia -conformados como monarquías autoritarias del Antiguo Régimen-), tras adquirir los rudimentos tecnológicos que lo permitieron (brújula, observación astronómica, nuevos diseños navales -la nao, la carabela, el galeón- armas de fuego),1 se lanzaron a viajes transoceánicos que les llevaron a la circunnavegación de África (Bartolomé Díaz), el descubrimiento de América (Cristóbal Colón), la primera vuelta al mundo (Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano), la colonización europea de América, etc.
Fue muy estrecha la relación de estos descubrimientos y exploraciones geográficas con los movimientos culturales e intelectuales contemporáneos (renacimiento, humanismo, revolución científica)2 y con las transformaciones socioeconómicas que se estaban desarrollando simultáneamente (transición del feudalismo al capitalismo).3
En la época del imperialismo (siglo XIX), la formación de sociedades geográficas como soporte intelectual de la tarea colonizadora fue muy importante, especialmente para los casos británico, francés, belga o estadounidense; ya con las nuevas condiciones socioeconómicas impuestas por la revolución industrial.
Los desafíos de la exploración geográfica en el siglo XX fueron las expediciones polares (Robert Peary, 1909; Robert Falcon Scott y Roald Amundsen, 1912), el ascenso a las más altas montañas (al Everest por Edmund Hillary, 1953) y la exploración submarina (Jacques Cousteau -pionero del submarinismo-, Jacques Piccard -descenso a la fosa de las Marianas, 1960-).

Revolución francesa

La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.
Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía constitucional durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida en que lo derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.
Antecedentes

Los escritores del siglo XVIII, filósofos, politólogos, científicos y economistas, denominados philosophes, y desde 1751 enciclopedistas, contribuyeron a minar las bases del Derecho Divino de los reyes. Pero ya en el racionalismo de René Descartes podría quizá encontrarse el fundamento filosófico de la Revolución. De este modo, la sola proposición «Pienso, luego existo» llevaría implícito el proceso contra Luis XVI[cita requerida].
La corriente de pensamiento vigente en Francia era la Ilustración, cuyos principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad. La Ilustración había servido de impulso a las Trece Colonias norteamericanas para la independencia de su metrópolis europea. Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos sirvieron de «trampolín» ideológico para el inicio de la revolución en Francia.
Causas

En términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político; el descontento de las clases populares; la expansión de las nuevas ideas ilustradas; la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas agrícolas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Esta intervención militar se convertiría en arma de doble filo, pues, pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la Guerra de los Siete Años, la hacienda quedó en bancarrota y con una importante deuda externa. Los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado precipitaron los acontecimientos.
Desde el punto de vista político, fueron fundamentales ideas tales como las expuestas por Voltaire, Rousseau o Montesquieu (como por ejemplo, los conceptos de libertad política, de fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la separación de poderes del Estado). Todo ello fue rompiendo el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen, ayudando a su desplome.
Desde el punto de vista económico, la inmanejable deuda del Estado fue exacerbada por un sistema de extrema desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados, nobleza y clero no tenían obligación de pagar, pero que sí oprimía al resto de la sociedad. Hubo un aumento de los gastos del Estado simultáneo a un descenso de la producción agraria de terratenientes y campesinos, lo que produjo una grave escasez de alimentos en los meses precedentes a la Revolución. Las tensiones, tanto sociales como políticas, mucho tiempo contenidas, se desataron en una gran crisis económica a consecuencia de los dos hechos puntuales señalados: la colaboración interesada de Francia con la causa de la independencia estadounidense (que ocasionó un gigantesco déficit fiscal) y el aumento de los precios agrícolas.
El conjunto de la población mostraba un resentimiento generalizado dirigido hacia los privilegios de los nobles y del alto clero, que mantenían su dominio sobre la vida pública impidiendo que accediera a ella una pujante clase profesional y comerciante. El ejemplo del proceso revolucionario estadounidense abrió los horizontes de cambio político entre otros.